Los pueblos del Salvaje Oeste II o cómo sentirse Lady Leño

La oleada de buscadores en 1849 peinaron la zona palmo a palmo y batearon todos los ríos y arroyos de la zona próxima al aserradero de Sutter. La gente que venía desde San Francisco navegaba por el delta interior hasta Sacramento o Stockton y a partir de allí se desplazaban por caminos. Los pueblos fueron surgiendo alrededores de los yacimientos que iban descubriendo los prospectores.

Hoy en día, la carretera que serpentea por los pueblos mineros del viejo oeste es la Highway 49, una carretera estatal llamada así en honor a esos primeros mineros.

Dada la proximidad a Sacramento (en California el concepto próximo se relativiza) nos planteamos recorrer la historichwy49 y otras zonas mineras en salidas de un día los fines de semana.

Eureka Peak y Downieville

Para conocer un poco mejor los montes que originaron la Fiebre del Oro decidimos hacer una excursión por Sierra Nevada. Nuestro destino, Eureka Peak (2270 m), a unas 3 horas de Sacramento. No en vano la montaña se conocía por aquel entonces como la Montaña del Oro.

Para llegar a nuestro destino pasamos carreteras que bordean ranchos y antiguos pueblos mineros y por pequeñas llanuras que, si bien en primavera son humedales, en verano son campos amarillos. Al inicio del sendero se accede conduciendo por un camino de tierra, que nuestro coche (un compacto sin 4×4) sube con normalidad (no obstante, a un todoterreno en el Oeste se le saca partido por la cantidad de off-road que hay). El sendero que sube a la cima empieza en el Eureka Lake, una pequeña presa que construyeron los mineros, y cubre una distancia de 3,2 km  (ida y vuelta) con un desnivel de 365 metros.

Lago Eureka
Barbacoa preparada a la orilla del Lago Eureka

Eureka Peak se encuentra en el Parque Estatal de Plumas-Eureka. Pese a que no hay que pagar para acceder, está igual de cuidado que cualquier otra área estatal (señalización, lavabos, Rangers, museo, centro interpretativo, zonas de picnic y acampada). Además, durante los meses de verano se puede avistar algún mamífero que habita en la zona: osos negro, ciervos, comadrejas, linces, gatos monteses, zorros… increíble para dos vallesanos.

Vistas
Vistas desde la cima del Eureka

En mayo de 1851 nueve buscadores de oro descubrieron cuarzo blanco enriquecido con oro (Oro de “piedra dura”) en las laderas de la montaña. Este hecho hizo que mineros y, posteriormente compañías mineras se establecieran en la zona. En 20 años crecieron unos cuantos pueblos construidos, como siempre, de madera: Viviendas, hoteles, salones y molinos para moler el cuarzo y extraer el oro. El más grande fue Johnsville, en la falda del pico. Poco a poco la actividad minera dejó de ser rentable y cesó definitivamente en 1943. Hasta entonces se extrajo 25 millones de dólares en oro y se excavaron más de 100 km de túneles.

Mohawk Stamp Mill
Mohawk Stamp Mill procesó 8 millones de dólares de la época
Assay Office
La oficina de ensayos de la mina Plumas-Eureka todavía contiene un equipo de ensayo utilizado para determinar el valor del mineral de oro recuperado.
Quarzo y hierro
Piedra de quarzo. Máquina para machacar las piedras. Herrería. Yunque del herrero
Bomberos
Camión de bomberos del Plumas-Eureka State Park
Panoramica Eureka Mill
Pueblo fantasma de Johnsville en el Pluma-Eureka State Park

Como la excursión fue corta hicimos las dos excursiones próximas que nuestra guía “Hiking the Sierra Nevada” menciona como “Honorables”: Frazier Falls y Sand Pond Intrepretive Trail. Son excursiones cortas para ver una cascada, la primera (aunque la encontramos seca), y la segunda para recorrer un corto sendero interpretativo de la zona de Recreations Lake.

Tras las “caminatas” volvimos a Sacramento por la Ruta 49, parando en Downieville. El ambiente era muy festivo, puesto que habían hecho una carrera de bicicletas de montaña (Downieville Classic Mountain Bike Race, 46 km con un descenso de 24 km. Está considerada como la carrera más larga y más dura de EEUU) y estaban ya con las actividades del fin de fiesta. Cuando llegamos estaban haciendo la competición de arrastrar un madero con una bicicleta hasta el final de la calle y beberse una cerveza en el menor tiempo posible.

Downieville es actualmente la “capital” del condado de Sierra. Se fundó, como no, en 1849. Llegó a tener 15 hoteles, 4 panaderías, 4 carnicerías y numerosos salones para albergar a los buscadores de oro en los crudos y nevados inviernos. Se disputó incluso la capitalidad de California con Sacramento que perdió en una votación por 10 votos. Hoy apenas son 300 habitantes.

Mientras estábamos mirando la dura “competición” del arrastre del leño, vi una placa que explicaba el triste final de “Juanita”, la primera mujer en California ahorcada por matar a un minero. Josefa Segovia era una mujer de unos 26 años, embarazada, que convivía con un tal José en una casa de adobe en la calle principal del pueblo. En la conmemoración del 4 de julio de 1851, un exitoso minero, Joe Cannon, y sus compañeros fueron hacia la casa de José y Josefa. Movidos por el alcohol, rompieron la puerta de su casa. A la mañana siguiente Joe fue de nuevo a la casa, dicen que para pedir disculpas, pero empezaron a discutir. Él la insultó, tras lo cual ella cogió un cuchillo y se lo clavó en el corazón. La población minera del pueblo se reunió y pidió aplicar la justicia minera: vida por vida. Hicieron el juicio, se la declaró culpable de la muerte de Cannon y se la condenó a la pena capital. Se construyó un patíbulo sobre el río Yuba, el pueblo se congregó a las orillas del mismo para ver la ejecución e inmediatamente después del juicio, subieron a Josefa al patíbulo, quien se despidió con un “Adiós Señores”, colocándose la cuerda alrededor del cuello y saltó. ¡Todo esto en 24 horas! Hacen suya la frase “La Justicia que es lenta no es justicia”.

Salimos del pueblo ya oscureciendo, deslizándonos por la carretera, llena de curvas. Parece mentira que un pueblo tan pequeño, tan aislado entre las montañas, estuvo a punto de convertirse en la capital de California. ¿Se habría venido a vivir aquí Arnold Schwarzenegger? Conducíamos hablando de esto mismo cuando transcurridos unos pocos kilómetros se nos puso justo detrás un coche de policía, con todas las luces encendidas.  Estaba claro que nos estaba señalando a nosotros porque no había ningún otro coche en la carretera. Así que paramos. ¡Qué nervios! ¿Es a nosotros? ¿Cuál era el protocolo? Poner las manos visibles en el volante, bajar la ventanilla y espera a que se acerque el agente. Bajó un policía del coche, se acercó a la ventanilla y nos miró, tras lo cual nos pidió el carnet de conducir y, mientras tanto, nos informó que nos había parado porque íbamos pisando la doble linea continua de la carretera. Nos preguntó si teníamos un motivo para ello, si habíamos bebido en la fiesta, si habíamos competido en la carrera, a lo que respondimos que no a todo. Nos creyó, desde luego, no teníamos la pinta de los animales que formaban parte de la competición de leño. Así que nos advirtió que fuéramos bien pegados al lado derecho, porque la carretera de curvas podía ser peligrosa y acto seguido nos dejó marchar. Menos mal. Pensábamos que nos iba a hacer la “dura” prueba americana para detectar si habíamos bebido, consistente en andar en línea recta y algún que otro test del estilo. Pero no, salimos airosos del primer contacto con la policía.

 

One Reply to “Los pueblos del Salvaje Oeste II o cómo sentirse Lady Leño”

  1. Magníficos paisajes! Parece mentira que en pueblos tan recónditos, las fiestas sean nobles y éticas, fiestas sin torturas a animales para el divertimento humano.

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